
Intentaba (no) perder un recuerdo de él, (ni) uno sólo.
Quería sentir el olvido de su cuerpo, su piel, sin embargo, en cada parpadeo, veía toda la esencia de ese hombre.
Intentaba no pensar en cada momento a su lado, en sus ojos, en su sonrisa, en su cuerpo con el suyo.
Persistía en no sentir sus besos de labios cálidos e intuitivos, en los abrazos que le daban una protección y seguridad como ninguno, en los mimos y caricias que le daban una relajación sin límites.
En cada situación sentía la sensación de que él aparecía.
Danzaba entre pensamientos y sentimientos.
No podía pensar de una manera fría y racional.
Empezaba a tener los ojos cargados, quería bloquear la glándula lagrimal, cerrándolos muy fuertemente, queriendo conseguir vivir entre sus sueños.
Sus gotas de agua envolvían sus ojos, en la falta de oscuridad, en el falso momento de luz, lloró de un modo destrozante y desgarrador, a pesar que nadie lo observo, nadie pudo oír como es que lloraba para así lograr desarmar su mundo formado de tiempos indeterminados.
Una vez más, apretó los ojos profundamente.
Inhalar, exhalar, tranquilamente, falló en el propósito y se conformo en no insistir.
No volvió a abrir los ojos; suspiraba, se ahogaba.
Otra vez, se decía.
Las historias son tan diferentes, pero la protagonista seguía siendo la misma y con más experiencia.
El amor que encontró en él, lo perdió sin saber como (re)encontrarlo.
Se sentía plenamente ebria de todo.
Está enamorada, consumida por la nostalgia, en silencio y con lentitud de querer hacer todo como también nada.
El dolor de pensar y sentir.
El maltrato de una memoria que no se detiene en hurgar recuerdos. El recordar incesantemente como él la había (y la hace) sentir.
Sus ojos, su mirada. Su olfato, su gusto en los labios cuando se besaban, sus manos y brazos conteniendo todo su ser, el equilibrio con él, sus corazones latiendo, juntos, al unísono, unidos.
Podía presentir su respiración y su agitación. Como al mismo tiempo escuchaba su voz, cada vez más cerca.
No sabía que pensar, como no lastimarse más, el último 'te amo' la arrastraba a todas partes.
En cada hecho que pensaba, que sentía, que vivía.... Está todo tan palpable en su existencia.
Inhalo, exhalo, fue un intento (in)completo.
Después de tanto tiempo, después de tanto...
Quería profesarle todo el amor que experimentaba, todos sus deseos realizados, sus todos reales.
Su vista perdida en un punto fugaz, obviamente que esperaba encontrarlo.
Quería y deseaba transportar todo a un sueño sin final, mas no fue así.
¿Dónde quedó el siempre?
Lo dudo tanto, titubeo en cada instante que quería responder. Sabía que comenzó a tenerle odio a las palabras definitivas, que no deben existir y no deberían haberse inventado en ningún momento. No obstante, alguna vez en su vida creyó, porque pensaba que tenían sentido junto a esa persona.
Intentó darle todas sus fuerzas para que no pudiese caer y si pasará, lo ayudaría hasta que pueda lograrlo solo.
Quiso de vuelta olvidar todo y nuevamente falló.
Se derrumbaba una y otra vez.
Su corazón está tan lejos de su ser que ni escucha sus latidos.
De a poco notó como sus ilusiones y sueños se escapan.
Respiro profundamente, estaba tan cansada.
Bajó los parpados con una lentitud incalculada.
Se empeño en matar todo y de raíz. Y así continuamente se equivocaba.
Tendría que aceptar que estaba completamente vencida.
Debería entregarse, perderse en si misma.
Se acompaña de recuerdos, de un corazón que ya no es suyo, de dolores, de pensamientos y sentimientos que no sabe si vivirá alguna vez.
Desde ese momento está en constante aprendizaje de saber que quizás eso si exista para siempre.